Posted by : Pablo Buydid lunes, 22 de abril de 2013

En nuestras aulas hay estudiantes con diferentes maneras de ser, con distintas motivaciones, capacidades y cualidades. Mucho hablamos de esas cosas, a menudo sobre las dificultades que se nos presentan ante algunas de estas, cuando notamos que no compatibilizan con lo que esperamos de un grupo. Cuando esto sucede, solemos realizar todas las observaciones posibles a todos lo implicados: damos un sermón al estudiante, notificamos a la dirección, y hasta queremos hablar con los padres para intentar manejar un poco mejor la situación. Por supuesto que dichos pasos son correctos cuando se los emplea con el fin de lograr una mejora en el relacionamiento o el desempeño de nuestros estudiantes, o para corregir algo que no marcha bien.
Ahora, muchos de nuestros estudiantes sí cumplen en distinto grado nuestras expectativas. Otros demuestran que se esfuerzan, se ocupan de sus tareas, presentan trabajos, tienen buena actitud hacia sus compañeros, incluyendo al profesor o profesora. ¿Qué hacemos en estos casos?
Sería negativo simplemente concentrarnos demasiado en el primer grupo de estudiantes, tanto como para olvidar que los estudiantes del segundo grupo comentado aquí necesitan encomio.
Una palabra correcta, en el momento que sea merecida, puede lograr mucho. Si quienes somos adultos nos motivamos con palabras de reconocimiento de un familiar, un amigo o un encargado, cuánto más un estudiante que nota que su trabajo es apreciado.
El encomio logra muchas cosas. Primeramente, refuerza su actitud y estado emocional. Eso es muy bueno para contribuír con un buen desempeño general de nuestros estudiantes. Además, lo motiva para dar nuevamente lo mejor de sí la próxima oportunidad que tenga que realizar una tarea similar a la que supimos apreciar.
En algunos grupos estoy usando herramientas en línea para poder llevar un registro de puntos positivos y negativos de los estudiantes durante la clase. Este registro es accesible por los estudiantes en tiempo real en clase, a través de un panel de notificación. En reiterados casos, estudiantes que han sido notificados por su participación (y se explica la razón de su puntuación) reiteran su acción inmediatamente luego de esto. Aunque muchas veces piden que se tenga en cuenta esta nueva participación a la hora de volver a calificar en línea, el motivo lo considero bueno, y logra lo principal: el interés, esfuerzo y participación de los estudiantes.
Claro está, por encima de esta o cualquier aplicación que usemos, las palabras que digamos audiblemente, en persona, durante la clase, o al terminar la misma, y que signifique que hemos apreciado el buen trabajo de un estudiante, logra cosas aun mejores. Porque funcionamos de ese modo. Y tal encomio o reconocimiento debe ir acompañado de un semblante sincero y explicar por qué reconocemos su trabajo.
También esto puede ser contagioso en clase, y más estudiantes pueden intentar imitar a quienes reciben ánimo. Pero hay estudiantes que simplemente no tendrán la iniciativa de imitar a dichos estudiantes. Si lo notamos, siempre es bueno apreciar cualquier signo oportuno que merezca ser reconocido, y en forma sincera felicitar o reconocer dicho punto fuerte. Luego podemos conversar con el estudiante para que sea capaz de usar ese punto a favor en pro de alcanzar nuevas metas.

Gran parte de la educación en nuestra aula, pasa no necesariamente por lo académico, sino por la calidez humana para que el conjunto educativo sea algo que se disfrute, logre objetivos y motive a nuestros estudiantes a dar más de sí.

 

Sobre mi...

Mi nombre es Pablo Buydid. Soy profesor de informática en secundaria.

Trabajo en los colegios Biarritz de Maldonado, y Galileo Galilei de Piriápolis, además de liceos públicos.

Pueden encontrar más información sobre mi trabajo en mi página personal: www.pablobuydid.com

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