Posted by : Pablo Buydid jueves, 24 de noviembre de 2011

Los profesores llegamos a desarrollar mucho estrés en situaciones determinadas. Como lo es este fin de año de clases y todas las actividades que hemos de culminar. Pero no solo nosotros pasamos por esa situación: los estudiantes también llevan a cuestas una gran carga de estrés.


Más allá de lo fatigoso de la actividad de enseñar, quienes nos aplicamos en esto, hemos de tener presente dicho estrés en cuanto nos sea posible. No es fácil ni quiere decir que hemos de quitar responsabilidad y tareas a nuestros estudiantes, pero existen algunos puntos que podemos tener en cuenta para no derrumbarles emocionalmente. En lo personal, he intentado aplicar los siguientes:


Conocer las limitaciones y posibilidades del estudiante.


Cada estudiante es diferente en cuanto a posibilidades. Uno de los desafíos del profesor es conocer lo mejor posible esas posibilidades y estar atento a las limitaciones que pueda tener (dificultades de aprendizaje, problemas afectivos que perjudiquen su estudio, dislexia, etc). En ocasiones, puede ser oportuno incluso conversar abiertamente con el estudiante sobre esas limitantes, y analizar las posibilidades y metas que pueda plantearse.


Ofrecer un ambiente agradable.


Un ambiente cargado y poco cómodo en clase perjudicará a los estudiantes en su rendimiento. Aunque la escuela o liceo no es un lugar para estar "de vacaciones", ocuparnos en crear un ambiente positivo y distendido para trabajar, puede ayudar a estudiantes a sentirse cómodos para preguntar, analizar, sacar conclusiones.


Ser abiertos para responder sus consultas, no exasperarnos y buscar alternativas en las respuestas será muy positivo para el estudiante.


Evitar cargas innecesarias, cuando es posible.


Esta tarde, una profesora me comentaba sobre una estudiante con dificultades en su aprendizaje, y cómo proceder con su promoción para este año. Dicho estudiante es candidato a exámen, por no alcanzar una nota esperada. Tiene un recurso a disposición para salvar dicha materia, pero la prueba que permitiría eso, a criterio de la profesora, es en este momento, una carga extra que puede perjudicar las restantes asignaturas. La pregunta que planteaba era ¿qué hago? ¿La exijo más, o le estoy causando un mal si procedo? Una vez más, todas las situaciones son diferentes, pero hay que analizar dichas posibilidades.


Cuidar especialmente su salud emocional.


Buscar palabras apropiadas, no ridiculizar a un alumno frente a otros compañeros, no usar términos que puedan lastimar, son cosas que evitarán la rebeldía del estudiante por sentirse atacado emocionalmente. En muchos alumnos he podido observar un mejor rendimiento cuando se intenta aplicar esos modos de actuar, y el desempeño mejora.


Como comenté antes, todos los casos pueden diferir de un alumno a otro, y ahí puede estar uno de los retos en la docencia. Pero aunque el mundo y su realidad pueda ser dura al salir a las calles, en nuestras clases podemos marcar un poco la diferencia, y lograr una educación de calidad teniendo en cuenta también su salud emocional. Más allá de eso, hemos de cuidar también que el aprendizaje vaya a más, y no a menos en cuanto a la calidad del mismo, buscando que todos puedan incrementar sus posibilidades, no minimizándolas.

Sobre mi...

Mi nombre es Pablo Buydid. Soy profesor de informática en secundaria.

Trabajo en los colegios Biarritz de Maldonado, y Galileo Galilei de Piriápolis, además de liceos públicos.

Pueden encontrar más información sobre mi trabajo en mi página personal: www.pablobuydid.com

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