Posted by : Pablo Buydid martes, 17 de mayo de 2011

Cuando somos partidiarios de la innovación en cualquier campo, y nos encontramos con gran oposición que apunta a dejar todo como está, muchas veces renegamos del estancamiento. En mi caso suelo "levantar presión" ante casos que quedan prácticamente demostrados que hemos de avanzar, pero una gran mayoría se resiste al cambio.


La educación sufre de situaciones así permanentemente. Estos últimos años hemos conversado del tema con mucha gente cuyo trabajo admiro, y nos queda claro cómo la educación parece perseguir los tiempos de atrás, cuando tendría que ser exactamente al revés. Es decir, la educación tiene que marcar tendencias, rumbos y objetivos en la vida real, y ocurre exactamente lo contrario en muchos de nuestros sistemas. La resistencia al cambio es notable en nuestro campo.


Sin embargo, anoche me permití un punto de vista un poco más flexible en mi opinión. Pensaba en la importancia de nivelar los rumbos y opiniones. Verán, este verano pude cumplir un pendiente personal: leer "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. Si lo conocen, saben que describe un mundo en el que "triunfan" el consumo y la comodidad absoluta del ser humano, llevado adelante por medios artificiales, donde la felicidad parece absoluta y universal, pero sacrificando valores humanos esenciales, perdiendo mucho de la verdadera humanidad.


Y anoche me preguntaba, ¿Qué pasaría si en todos los campos de la vida diéramos vía libre a los cambios y propuestas revolucionarias (o no tanto) que surgen en las mentes de pensadores o ideólogos, así sin más?. ¿No estaríamos arriesgando demasiado sin ese contrapeso necesario de la voz opuesta? ¿No llegaríamos a abusar del poder de nuestras ideas y derrumbar pilares sociales y humanos, como la posibilidad de elegir, entre otras?


En el universo, tan armonioso como es, nos encontramos con el mismo principio. Las fuerzas que rigen desde el átomo hasta el entero universo, encuentran su opuesta en todos los casos, con un resultado vital: la estabilidad de todo lo que nos rodea. Así pues, considero que la resistencia al cambio tal vez realmente sea un mal necesario. Una fuerza contraria que refrena nuestro impulso de cambiar las cosas ya, a obrar con celeridad y imponer nuevas opciones. Esta fuerza contraria nos obliga a buscar razones para apoyar nuestras propuestas y no dejarlas simplemente en un impulso emocional. Nos obliga a demostrar las razones que nos apoyan, en vez de obrar sin fundamento. Pero también nos ayudan a mantener el equilibrio. Sin este equilibrio todo sistema se derrumba, se vuelve contra sí mismo.


Todo sistema ha de contemplar todas las partes implicadas. E intentar beneficiar en la correcta medida al entero grupo. Por supuesto, en esto de la enseñanza, quienes me conocen saben que estoy a favor de muchas tendencias por la innovación. Y seguiré apoyando esto. Pero no reniego del polo opuesto, la resistencia al cambio, ya que viéndola en el sentido correcto nos permitirá enfocar nuestros esfuerzos con un sentido más preciso, y con esfuerzos definidos.


Además de lograr el equilibrio.


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One Response so far.

  1. Hola, muy pertinente la opinión sobre el equilibrio. Mi investigación versa precisamente sobre los docentrs que se resisten. Sabes de alguna fuente que pueda consultar sobre las razones y argumentos del docente? Me sería de mucha utilidad. Gracias!

Sobre mi...

Mi nombre es Pablo Buydid. Soy profesor de informática en secundaria.

Trabajo en los colegios Biarritz de Maldonado, y Galileo Galilei de Piriápolis, además de liceos públicos.

Pueden encontrar más información sobre mi trabajo en mi página personal: www.pablobuydid.com

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