Posted by : Pablo Buydid martes, 23 de marzo de 2010

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Repasaba algunas notas y artículos estos días. ¿Cómo interactuamos con nuestros clientes? ¿Cómo demostramos nuestra confianza en nuestros empleados? En mi caso ¿cómo entusiasmo a mis estudiantes?


Solíamos pensar en términos estructurados, rígidos y exigentes no hace mucho tiempo atrás. Las cosas se hacían de tal manera, y todos tenían que saberlo. Todos sabíamos el fin que perseguíamos, y era nuestro deber cumplir las expectativas. El planteo de jerarquías cumplía su cometido, en el que cada persona era una pieza de la inmensa maquinaria de la organización. El problema es que cada "pieza" de la inmensa maquinaria solo responde y depende de los actores que le rodean inmediatamente, y la confianza y dependencia suele perderse a medida que nos alejamos del eje de nuestra persona.


Hemos dado paso a una etapa en la que predominan las redes, sean estas sociales, empresariales, comerciales. Pero también podemos plantear las laborales, incluso dentro de una misma institución. Las redes generan confianza en niveles más extendidos, pues hasta la información fluye entre todos los jugadores.


Esta situación ha hecho, además, que todos estemos informados, más capacitados, con aptitudes para tomar decisiones y dar opiniones. Por lo tanto, también las reglas anteriormente marcadas deberían cambiar. No funcionaría en este ámbito aquella rigidez y dura estructura que mencionábamos antes. No podemos, si estamos dirigiendo una empresa, subvalorar a nuestros empleados ni clientes, no debemos pensar que todo pasa por nuestras manos exclusivamente. Recuerdo un caso de un patrono que había logrado en sus empleados contagiar la errónea idea que no estaban capacitados para "pensar", sino para hacer. "No me pagan para pensar" era el lema de los empleados. Eso es arcaico en la actualidad. Someter, gritar, elevar la voz, disminuír, irritar y todas esas malas prácticas están pasadas de moda y afectan significativamente el desempeño.


¿Cómo demostramos que estamos en sintonía con los tiempos actuales en cuestión de relacionamiento? ¿Cómo incentivamos hoy la productividad? Y algo importante, ¿funciona realmente?


Algo que nos han enseñado las redes, y las experiencias de la vida real, es que todos tenemos la posibilidad de aportar algo. Y en muchísimos casos, ese algo es significativo. Por lo tanto no hemos de ignorar un comentario que pueda parecer alejado a nuestra idea primaria. Analizar los hechos muchas veces nos conduce a darnos cuenta que el camino era otro distinto al pensado originalmente. Por eso, la valoración de la participación debe estar presente en nuestros tratos hacia empleados y colaboradores. Generar espacios de participación donde todos puedan aportar ideas, no solo es apropiado para la dirección de la empresa, sino que le dice a los implicados "tomamos en cuenta lo que nos dices", y eso entusiasma, dando lugar a una mejor participación, y en definitiva un nivel de calidad laboral excelente, lo cual beneficia a todos los implicados de una empresa. Pero no queda solamente en ese paso.


Charles Handy, quien he citado anteriormente en algunos posts, habla de la caricia como una fórmula para sacar lo mejor de las personas que trabajan en una empresa... y lo podemos extender a muchos ámbitos del vivir actual: los estudiantes de una escuela, una organización de voluntarios, hasta nuestra misma casa. La cuestión pasa por dar el reconocimiento en forma evidente a quien realiza cierto logro, por mínimo que sea. Veamos... en mis clases en un instituto de secundaria, los estudiantes suelen sentirse muy motivados cuando los profesores les felicitamos sinceramente por un trabajo realizado. Incluso sirve aplicar la regla cuando alguien pierde el rumbo. Por ejemplo, recuerdo un estudiante muy inquieto que tendía a no participar y olvidar su tarea. Había probado muchas cosas con él: hablar a solas, solicitarle más atención, lo cual creo que no se alejaba de lo que había oído mil veces. Un día cambié de táctica. Asigné una tarea relativamente sencilla y asigné grupos. Luego, pedí su palabra al presentar el trabajo, y aunque era sencillo (pero correcto), le felicité ante toda la clase y destaqué su trabajo (con mucha sinceridad). La actitud cambió radicalmente.


¿Cómo podemos "mimar" a nuestro personal? Algunas empresas recurren a destacar el "empleado del mes". No es que discuta este medio, pero supongo que sigue siendo un poco frío. He visto muy buenos resultados aplicando además cosas como:



  • Demostrar gratitud cuando alguien dá una opinión o sugerencia, incluso cuando no es lo que esperábamos.

  • Dejar expresar la totalidad de la idea que el empleado quiere transmitir, preguntando además si un punto no queda claro.

  • Llamar al empleado para felicitarlo por sus logros, empeño, esfuerzo. Si los empleados ven que no solo se los llama a la dirección para darles un rezongo, harán su trabajo más distendidos, y persiguirán mejores objetivos, para ganarse más "caricias".

  • Recompensar sus acciones. A veces no pasa por una recompensa económica (aunque a veces es oportuno), sino por otras muy apetecibles: días de descanso, nuevos roles, ascensos, premios como viajes, regalos, estadías, etc.


¿Funciona aplicar este método? Diversas experiencias demuestran que sí. En el ámbito escolar que mencionábamos hoy quedó demostrado numerosas veces. Los estudiantes se ven más distendidos y responsables, sabiendo que no se les persigue, sino que se busca su eficiencia. En entornos laborales, también hay experiencias favorables. Incluso en encuestas se demuestra muchas veces cómo el reconocimiento está más arriba que muchas "buenas remuneraciones económicas". De hecho, todos preferimos un buen ambiente laboral. ¿Tienen ejemplos de este caso? ¿Alguna experiencia?


Todo queda apoyado incluso en el entorno familiar. Las familias que enseñan a sus hijos gritando, no pueden esperar buenos resultados. Pero aquellas que saben recompensar y destacar lo bueno de sus hijos y cónyuge, descubren que es más fácil y agradable convivir y llevar adelante la familia. Una empresa, organización o escuela es como una familia. Y los mismos principios se aplican.


Por supuesto, no podemos dejar de plantear reglas fundamentales. Tampoco pasaremos por alto errores graves. Pero poco a poco vamos planteando métodos que favorecen a todos los participantes, lo que en definitiva, nos favorece a nosotros mismos, que estamos dentro del círculo de acción.




Algunas tareas:



  1. Piense en qué campos puede aplicar los temas planteados. ¿Qué técnicas pueden ser favorables para incentivar a los empleados/voluntarios/estudiantes?

  2. Reflexione en cuántas reglas existen en su organización, y si estas pueden flexibilizarse en pro de un ambiente distendido y agradable, favoreciendo el desempeño.





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Sobre mi...

Mi nombre es Pablo Buydid. Soy profesor de informática en secundaria.

Trabajo en los colegios Biarritz de Maldonado, y Galileo Galilei de Piriápolis, además de liceos públicos.

Pueden encontrar más información sobre mi trabajo en mi página personal: www.pablobuydid.com

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