Posted by : Pablo Buydid miércoles, 23 de diciembre de 2009

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Dos situaciones se me presentaron esta semana, que han hecho resurgir en mis pensamientos algunas ideas aprendidas en los libros y en las experiencias de ventas en distintos lugares donde he trabajado.


La primera de ella me ocurrió en un Shopping en Montevideo. Necesitaba algo tan simple como un par de auriculares para mi reproductor de audio, para mi viaje de regreso a casa (los que estaba usando sonaban realmente muy mal). Así que me paré en uno de los locales que tenían aparentemente un modelo ideal para mi gusto (téngase en cuenta que me gusta escuchar música con la suficiente calidad como para disfrutarla a plenitud, y soy medio exquisito en eso). El modelo venía en caja, y la vendedora (muy amable) se ofreció a que lo probara. Eso me permitió darme cuenta que no tenía la capacidad de sonido que buscaba, así que pregunté por otros modelos. Sin embargo, los que más me atraían por sus características venían en blister, y no podían ser probados. Aunque me arriesgué, terminé satisfecho por la compra.


El segundo caso me ocurrió hoy mismo con mi hija. Tiene 4 años y tiene pasión por ir al hipermercado y mientras hacemos las compras toma un juguete de la juguetería (generalmente un coche con un muñeco) y lo pasea por todo el local. Conozco a casi toda la gente del hipermercado (incluso tuve la oportunidad de trabajar allí algunos años) y no habíamos tenido problema con tema, por supuesto, la condición pactada era dejarlo en el lugar al salir. Sin embargo, hoy se nos acercó personal de seguridad para pedirnos (amablemente) que si no ibamos a comprar el juguete, lo dejáramos en su sitio, porque no se podían usar.


Aquí entra mi análisis. Y no va por el hecho de dicho comentario, ya que se nos habló con amabilidad, sino en el hecho de probar los productos. En la era comercial en que nos encontramos, los clientes marcan gran parte del ritmo de ventas. Aunque un buen vendedor es el que dirige la venta, y si es lo suficiente hábil será capaz de lograr vender el producto que él considera apropiado, los clientes siguen (y seguimos) siendo los que tomamos la mayoría de las decisiones dentro de un local de ventas, y gran parte del proceso pasa por PROBAR EL PRODUCTO.


Siempre critico los productos que vienen en blister, por el gran problema que supone que no puedes probarlo a menos que lo compres. Y para clientes como yo, eso es un problema. He comprado muchos auriculares de marcas respetables que terminaron en decepciones (tan solo por seguir el tema anterior). Pero en el caso del juguete, me sirve de trampolín para recordar algunos puntos importantes a la hora de satisfacer el deseo de los clientes.


El cliente necesita probar antes de comprar.

Ante la gran cantidad de ofertas sobre un mismo tipo de producto, diferencias de precios y características, la herramienta usada por muchos clientes es justamente probar el producto antes de comprarlo. En las góndolas de electrodomésticos se suele mantener televisores y equipos de audio conectados para que los clientes noten sus capacidades. Todo entra por los sentidos (vista, oído, etc). Solía discutir con un antiguo jefe porque yo siempre acostumbré demostrar las capacidades de un equipo de audio a mis clientes llevándolo a un nivel de potencia relativamente alto, y a veces incluso dejarlo en funcionamiento en las horas en que los clientes "potenciales" paseaban por el local, lo cual llamaba mucho la atención. Se vendieron muchas unidades gracias a eso.


Cuando llegaba la época de fiestas, colocábamos un escritorio con suficientes pilas de todo tipo para probar todo tipo de juguetes, y hasta nos poníamos a jugar en los ratos "libres", lo cual hacía que niños (y no tan niños) se acercaran a mirar, y luego probar ellos mismos. De esa manera logramos muchas ventas sobre dichos productos.


Este es uno de los desafíos que presenta la venta de servicios, donde hay poco margen para la prueba antes de la compra, y donde es más recurrente la recomendación de otros usuarios que la prueba en sí, pero aun así podemos dar la chance de probar algunos de estos servicios. Todavía tengo bien grabada en mi mente la oportunidad que una compañía de seguros me regaló un seguro de vida por un monto específico. Esa fue una bomba, y obviamente fue un trampolín para luego que notara la atención y deferencia de la compañía, se me pudiera ofrecer ampliar dicho monto, contratando un plan. Eficiencia.


Try Me!


Volviendo a los juguetes, la mayoría de los electrónicos (por ejemplo muñecos) tienen un envase semi abierto con una leyenda Try Me! (Pruébame). Si los responsables de diseñar el envase, los impulsores del producto y toda la gente atrás de ese producto se tomaron la molestia de realizar esa proposición, es porque funciona, y de hecho eso está probado. ¿Podemos seguir algunos de nosotros en el lejano principio del siglo pasado y mantener viva la idea de "se mira y no se toca"? Las tiendas más vanguardistas son aquellas que permiten que los clientes prueben sus productos (con criterio, claro). Recuerdo que un autor remarcaba el caso de una tienda en Estados Unidos donde la condición es Probar el producto, casi como una obligación. La mercadería se coloca en grandes islas en las que los clientes pueden revolver y probar a su gusto. No es necesario decir que las ventas de dicha empresa son cuantiosas.


Cuando un cliente tiene en sus manos la posibilidad de probar un producto, casi lo siente suyo, y el paso de obtenerlo está más cercano que lo que pensamos. Los fabricantes de productos ponen todo su empeño para que la experiencia del usuario al probar el producto sea totalmente satisfactorio, así que el vendedor solo necesitará seguir la corriente y usar ese recurso para lograr su objetivo de vender más.


No lo llevo, pero volveré.


Muchas veces ocurrirá que aunque el cliente pruebe el producto, por distintas razones decidirá no comprarlo. Incluso en ese punto, la venta no está perdida, porque el cliente puede analizar otros factores que pueden hacerlo regresar. A veces observo como algunos vendedores simplemente "despachan" a la gente. Cuando esta decide no comprar, o bien ponen cara de "Y bueno..." o hacen notar que simplemente perdieron el tiempo con el cliente. ¡Error! Lo puedo refutar con una experiencia que tuve hace algunos años atrás con un matrimonio que buscaba una computadora para uso de la familia. Es de hecho, una experiencia que hasta el día de hoy me brinda satisfacción. Dichos clientes venían al local donde trabajaba durante un mes, dos o tres veces por semana a preguntarme más detalles de la computadora. Por supuesto, la probábamos cada vez que venían, veíamos más posibilidades, más características, planteaba más argumentos, pero terminaban cada visita sin comprarla. Desde esa época tenía la costumbre de sonreír igualmente y demostrarles que estaba a las órdenes y que no eran ninguna molestia para mi. Al cabo de un mes regresaron y compraron la computadora, al tiempo que me dijeron algo que no olvidaré: "vimos la misma computadora en otros lugares, e incluso más barata, pero la vamos a comprar acá, porque nos atendiste muy bien, y no te aburriste de atendernos cada vez que veníamos, te tomaste el trabajo de atendernos una y otra vez".


Esa experiencia (y tantas más), siempre me han dejado claro que cuando el cliente prueba un producto, junto con la suficiente calidad de nuestra atención, incluso cuando tarde en comprar el producto, es la buena impresión de estar disponibles a hacerlos sentir los "reyes de la situación" lo que puede definir al final la venta. Mi actividad actual está centrada en servicios, algo totalmente distinto a aquellos años, y supone un desafío adicional para "probar". Pero sigo experimientando situaciones agradables. Hay clientes que se han decidido a concretar un negocio tras meses de consultas (en un caso casi llego a un año).


En definitiva, el cliente maneja muchas de las reglas de venta, y la posibilidad de probar un producto es una de ella. El vendedor (o empresa) que no reconozca esto sufrirá las consecuencias de tener clientes no-satisfechos. Estamos en un tiempo de alta competencia, donde el servicio y la atención son factores muy importantes a tener en cuenta. Los clientes han de sentirse seducidos por el vendedor y por el entero local de ventas. Todo está hecho, diseñado, pensado para su deleite, y para cautivarlos desde el momento que pisan la entrada. ¿Podemos darnos el lujo de arruinar esa experiencia negando a nuestros clientes la posibilidad de tener en sus manos los productos que están pensados para ellos?


A propósito, y regresando al tema de los juguetes: ¿Sabían que muchas veces es la experiencia que un simple niño tiene en medio de tantos juguetes el que finalmente concreata una venta? Un niño satisfecho (no importa que tenga cuatro años como mi hija) puede definir una venta, de maneras insospechadas... pero se los dejo para pensar, porque podríamos hablar mucho más sobre estas realidades.


¡Felices ventas!




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Sobre mi...

Mi nombre es Pablo Buydid. Soy profesor de informática en secundaria.

Trabajo en los colegios Biarritz de Maldonado, y Galileo Galilei de Piriápolis, además de liceos públicos.

Pueden encontrar más información sobre mi trabajo en mi página personal: www.pablobuydid.com

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